El valor del nombramiento de Tesoros Humanos Vivos

Este artículo corresponde a la sección «Diálogos y debates del patrimonio» del Boletín de Noticias sobre patrimonio cultural. Y en esta edición hablamos sobre un ámbito del patrimonio cultural no muy conocida: Los Tesoros humanos Vivos.

Introducción

El reconocimiento de los Tesoros Humanos Vivos constituye un mecanismo esencial para salvaguardar el patrimonio cultural inmaterial. Se trata de una designación que busca resguardar y dar visibilidad a personas o colectivos que, mediante la práctica de sus saberes garantizan la continuidad de tradiciones que representan a comunidades y grupos sociales. La valoración no se centra únicamente en la pericia técnica, sino también en el arraigo cultural, el carácter representativo y la capacidad de transmitir los conocimientos a nuevas generaciones, todo ello en un contexto en el que la desaparición de expresiones culturales es un riesgo latente.

En esta sección, se analiza los criterios de nombramiento a situaciones diversas, desde comunidades indígenas que reproducen conocimientos en espacios colectivos y rituales, hasta expresiones urbanas o citadinas, como los grupos musicales folklóricos que representan una clase social o un movimiento cultural particular y nombramientos individuales.

¿Cómo nace la iniciativa?

La denominación de “tesoros humanos vivos” surgió en Japón en 1950, cuando el gobierno decidió reconocer a individuos y grupos que mantenían y transmitían expresiones culturales. Este reconocimiento otorgaba apoyo y protección oficial a portadores de saberes y prácticas tradicionales, abarcando inicialmente artesanías como alfarería, fabricación de papel, muñecas, espadas, así como expresiones musicales.

Posteriormente, Francia se implementó la figura del “maestro artista”; en Tailandia se reconoció al “artista nacional”; Filipinas instauró el “tesoro viviente nacional”; la República Checa creó la distinción de “depositario de la tradición de artes y oficios populares”; mientras que en Camboya y Chile también se adoptó la denominación de “tesoro humano vivo”. Corea del Sur, por su parte, consolidó el modelo de “tesoro nacional viviente” desde 1964.

Años después en 1993, la República de Corea presentó ante la UNESCO la propuesta de establecer un programa mundial de Tesoros Humanos Vivos. La 142ª reunión del Consejo Ejecutivo del organismo aprobó la resolución e invitó a los Estados Miembros a aplicar sistemas de reconocimiento en sus respectivos territorios. Se organizaron encuentros internacionales y talleres para promover la comprensión de esta iniciativa y alentar su implementación. Para ello se analizaron experiencias de naciones que tuvieron experiencias previas como Japón y Corea, además de otros casos en Filipinas, Tailandia, Rumanía, Francia, la República Checa y Bulgaria, que habían consolidado programas con características propias.

¿Por qué nombrar tesoros humanos vivos?

Nombrar Tesoros Humanos Vivos a personas o grupos deben contener ciertas características: Resguardan prácticas, saberes y expresiones de gran valor cultural; responde a la necesidad de asegurar su continuidad en el tiempo.

Estos portadores concentran conocimientos y técnicas que no solo representan la identidad de una comunidad, sino que también fortalecen la memoria colectiva y la diversidad cultural. Reconocerlos formalmente significa otorgar legitimidad y prestigio a sus oficios y prácticas, contribuyendo a que nuevas generaciones valoren y aprendan de estas expresiones.

Para los Estados, la implementación de un sistema de Tesoros Humanos Vivos implica asumir el compromiso de generar políticas de protección y apoyo que permitan la transmisión de esos conocimientos. Esto requiere establecer mecanismos de registro, acompañamiento institucional, financiamiento y promoción que garanticen la permanencia de los saberes. Además, cada reconocimiento conlleva la responsabilidad de realizar un registro etnográfico, audiovisual y fotográfico de las técnicas y expresiones, con el propósito de difundirlos en distintos formatos y plataformas, asegurando así su documentación y socialización.

¿Qué características tienen?

Los Tesoros Humanos Vivos se distinguen por ser portadores excepcionales de conocimientos y técnicas que permiten interpretar, ejecutar o recrear expresiones del patrimonio cultural inmaterial con un alto grado de maestría. No se trata únicamente de poseer habilidades, sino de conservar un dominio que ha sido transmitido de generación en generación y que resulta indispensable para la continuidad de prácticas artísticas, artesanales o rituales que forman parte de la identidad de un pueblo.

Estos individuos no solo dominan la práctica en sí misma, sino que también representan la memoria viva de la comunidad, ya que a través de ellos se preservan modos de hacer, estilos y formas de enseñanza tradicionales. Su capacidad de transmitir a otros lo aprendido constituye un criterio central para su designación, dado que el objetivo del nombramiento es garantizar que el conocimiento no se pierda, sino que pueda mantenerse vigente en el tiempo.

Puntualmente, las características para el nombramiento como Tesoros Humanos Vivos que establece UNESCO son:

  • Excelencia en la aplicación de los conocimientos y técnicas demostrados.
  • Plena dedicación de la persona o del grupo a la práctica cultural que resguardan.
  • Capacidad de seguir desarrollando sus conocimientos y técnicas, manteniendo su vigencia.
  • Aptitud para transmitir esos saberes a quienes se están formando.
  • Valor como testimonio del genio creador humano.
  • Arraigo en las tradiciones culturales y sociales.
  • Carácter representativo de una comunidad o grupo.
  • Riesgo de desaparición, lo que justifica la necesidad de salvaguarda.
  • Poseer un grado los conocimientos y técnicas necesarias para interpretar o recrear determinados elementos del patrimonio cultural inmaterial.

La UNESCO propone el título de “Tesoro Humano Vivo” para este tipo de reconocimiento, aunque cada Estado adapta la denominación a su propio contexto cultural. Así, existen variantes como “Maestro Artista” en Francia, “Depositario de la Tradición de Artes y Oficios Populares” en la República Checa, “Tesoro Nacional Vivo” en la República de Corea, o “Depositario de un Bien Cultural Inmaterial Importante” en Japón y Corea del Sur. Estas denominaciones reflejan la diversidad de formas en que los países valoran a quienes custodian expresiones culturales esenciales para su identidad y continuidad histórica.

Crítica sobre las responsabilidades que tiene los tesoros humanos vivos

Al recibir el nombramiento, los Tesoros Humanos Vivos asumen una serie de responsabilidades orientadas a la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial. Entre ellas se encuentran la continuidad y perfeccionamiento de los conocimientos que dominan, la transmisión de sus técnicas a las nuevas generaciones a través de espacios de enseñanza formal o informal, la participación en la producción de registros y archivos —ya sean audiovisuales, escritos o digitales—, así como la difusión de su saber en distintos ámbitos. Además, pueden recibir encargos específicos por parte de instituciones culturales o del Estado para fortalecer la visibilidad de sus prácticas.

Sin embargo, estas tareas no son ajenas a la vida de quienes portan este tipo de conocimientos. La mayoría de los depositarios ya las realizan de manera cotidiana dentro de sus comunidades, transmitiendo sus técnicas a hijos, aprendices o discípulos, y compartiendo su arte en festividades, talleres locales o actividades comunitarias. El riesgo de considerar que solo a partir del reconocimiento comienzan a cumplir estas funciones puede invisibilizar el esfuerzo que han sostenido durante décadas, muchas veces sin apoyo económico, institucional ni visibilidad mediática.

Lo que cambiaría con el nombramiento no sería tanto la naturaleza de sus responsabilidades, sino las condiciones en las que estas pueden desarrollarse. El reconocimiento formal aporta legitimidad, otorga respaldo económico y facilita la creación de espacios de difusión más amplios, permitiendo que los portadores no solo transmitan sus saberes en la esfera local, sino también en escenarios nacionales e internacionales. La diferencia radica en pasar de una labor sostenida casi en solitario, o en el marco de la comunidad, a una acción acompañada por políticas públicas y recursos que pueden garantizar la continuidad de estas prácticas. En este sentido, el desafío está en que el título no se reduzca a una distinción honorífica, sino que se convierta en una herramienta que dignifique la labor de los portadores y potencie el alcance social y educativo de sus conocimientos.

¿Acción estratégica o título honorífico? Algunos criterios críticos para su análisis

Los criterios establecidos para el nombramiento de Tesoros Humanos Vivos indican que deben ser portadores de un conocimiento o técnica vinculada al patrimonio cultural inmaterial con un valor excepcional, capaz de testimoniar la creatividad humana, mostrar arraigo en la tradición cultural y representar a una comunidad específica. Además, el elemento debe encontrarse en riesgo de desaparición, lo que convierte al reconocimiento en una herramienta de salvaguardia.

En cuanto a las características personales o grupales, se requiere que los postulantes demuestren excelencia en la práctica de los saberes, una trayectoria de dedicación plena a su oficio o arte, la capacidad de seguir perfeccionando sus conocimientos y, finalmente, la aptitud de transmitirlos a nuevas generaciones. Estas condiciones buscan asegurar que el reconocimiento no sea únicamente simbólico, sino que garantice la continuidad de prácticas que forman parte de la memoria colectiva.

Sin embargo, al analizar la realidad de muchos portadores de saberes tradicionales, se observa que no siempre cumplen con todos los requisitos, no por falta de calidad en su arte, sino por las condiciones adversas que enfrentan. Por ejemplo, gran parte de los depositarios de conocimientos han alcanzado un nivel de excelencia y poseen un fuerte arraigo comunitario, pero la capacidad de transmisión puede verse limitada por factores como la falta de discípulos interesados ―esta dificultad se convierte también en una razón para su nombramiento, para proteger el conocimiento― generado por la migración de los jóvenes hacia entornos urbanos, la desvalorización de las prácticas frente a oficios modernos o la ausencia de apoyo institucional. De igual manera, el requisito de “plena dedicación” puede ser difícil de cumplir, pues muchos maestros deben combinar su práctica cultural con otras actividades económicas para sostenerse.

En este sentido, el reconocimiento como Tesoro Humano Vivo adquiere un valor estratégico: se trata de destacar la maestría existente, de ofrecer condiciones que permitan superar las limitaciones estructurales que ponen en riesgo la transmisión. De lo contrario, el nombramiento correría el riesgo de quedarse en un título honorífico que no incida en la continuidad real de los conocimientos y prácticas culturales.

¿En el caso de grupos indígenas?

En el caso de los grupos indígenas, la aplicación de los criterios para el nombramiento de Tesoros Humanos Vivos adquiere matices más puntuales. A diferencia de los portadores individuales, las comunidades indígenas preservan sus saberes y prácticas de manera colectiva, la transmisión se da en espacios comunitarios y bajo formas de enseñanza que no responden a modelos formales, sino a la oralidad, la práctica y la vivencia ritual. Esto plantea la necesidad de ajustar los preceptos a realidades donde el conocimiento no se concentra en una sola persona, sino en un entramado social y cultural compartido.

En cuanto a las características exigidas —excelencia técnica, dedicación plena, capacidad de desarrollar y transmitir conocimientos—, estas pueden observarse en la práctica comunitaria indígena, pero de manera colectiva. Por ejemplo, una danza ritual, una técnica agrícola ancestral o un sistema de medicina tradicional no dependen exclusivamente de un maestro, sino de un conjunto de actores que reproducen y fortalecen el conocimiento en su vida diaria. El arraigo cultural y el carácter representativo, criterios centrales del sistema, se cumplen con fuerza en el ámbito indígena, ya que estas expresiones suelen estar íntimamente ligadas a la identidad, cosmovisión y cohesión comunitaria.

No obstante, también surgen desafíos. El requisito de la transmisión puede verse debilitado por factores externos como la pérdida de territorios, la migración, la presión de la modernización o la falta de interés de las generaciones jóvenes en continuar con prácticas que perciben como poco rentables o desvalorizadas socialmente. Asimismo, la “plena dedicación” puede ser difícil de atribuir a una sola persona en un contexto donde las prácticas se integran a la vida comunitaria y no necesariamente constituyen un oficio individualizado.

En este marco, reconocer a grupos indígenas como Tesoros Humanos Vivos implicaría ampliar la interpretación del sistema, pasando de un enfoque personal a uno colectivo. Esto significaría reconocer que el conocimiento indígena se salvaguarda mejor cuando se fortalece el tejido comunitario que lo sustenta. La designación debería traducirse en medidas que garanticen la protección de sus territorios, el respeto a sus formas de organización, el apoyo a procesos de educación intercultural y la visibilización de sus expresiones en el ámbito nacional e internacional. De esta manera, el nombramiento es una herramienta para fortalecer la continuidad cultural y la autodeterminación de los pueblos indígenas.

¿Por qué no se considera Tesoros Humanos Vivos a grupos de música folklórica?

Hace un tiempo atrás en Bolivia hubo intenciones de declaratorias a grupos de música folklórica (neofolklórica o contemporánea), presentamos un análisis en esos casos:

Con el pasar de los años en cuanto a la trayectoria de un grupo folklórico, este puede haber alcanzado un nivel de maestría en la interpretación de género musical y lograr reconocimiento por la sociedad. Inclusive puede haber formado parte de la expresión de sectores sociales y ser parte también, de la memoria colectiva de un país y convertirse en una herramienta del patrimonio cultural.

Un Tesoro Humano Vivo es mucho más que estas características. Un género o agrupación musical que representa a un grupo social no necesariamente representa a una específica comunidad cultural, su procedencia puede ser popular o contemporánea, su vínculo identitario a un grupo cultural específico no es evidente. Un género musical está más cercano a la industria musical que a la transmisión intergeneracional de una comunidad, no representa a una comunidad o grupo. Carece de una herencia identitaria generacional social y cultural histórica, el grupo folklórico nace en un ámbito privado.

El género musical y el grupo folklórico gozan de popularidad y existen medios de comunicación, grabaciones que lo reproducen, por lo cual no se encuentra en una situación de vulnerabilidad que justifique un nombramiento como Tesoros Humanos Vivos. Aquí podría aplicar su declaratoria como «patrimonio cultural» nacional o regional, según sea el caso; lo cual, evidencia la búsqueda de un reconocimiento honorífico.

El caso de Matilde Cazasola

Examinamos el caso de Matilde Casazola en cuanto a la pertinencia del nombramiento de Tesoro Humano Vivo aplicando los criterios definidos por la UNESCO y otros sistemas nacionales que han seguido esta línea.

Matilde Casazola es reconocida como poeta y cantautora de referencia nacional, con una trayectoria que ha alcanzado un nivel de excelencia artística tanto en la poesía como en la música. Su obra se consolidó como parte del repertorio musical cultural boliviano y ha influido en otras generaciones de artistas. La carrera de Matilde ha estado marcada por una dedicación sostenida al arte, la docencia y la producción cultural.

Matilde no solo ha preservado, sino que también ha renovado y ampliado la tradición, integrando poesía y música con una identidad propia del contexto chuquisaqueño. Su aporte tiene un carácter creativo que enriquece la cultura nacional.

La influencia de Matilde se refleja en su labor pedagógica y en la inspiración que ha dado a jóvenes artistas. Sin embargo, su transmisión se da de forma más dispersa y no necesariamente a través de un sistema organizado de aprendices o discípulos directos.

La obra de Matilde trasciende lo individual, pues su poesía y música se han integrado a la identidad cultural boliviana. Su figura es ampliamente representativa en el ámbito artístico y social, de un género musical folklórico urbano.

La característica de estar en riesgo cultural, no aplica, su reconocimiento parece responder más a la magnitud de su obra que al riesgo de desaparición, ya que su legado está ampliamente registrado y difundido.

El nombramiento de Matilde Casazola como Tesoro Humano Vivo cumple con los criterios de UNESCO, dedicación, representatividad y desarrollo creativo, aunque responde más a un acto de legitimación cultural y simbólica que a un esfuerzo de salvaguardia de un patrimonio en riesgo.

Esto muestra que el caso de Matilde abre un debate: ¿los Tesoros Humanos Vivos en Bolivia deben ser sobre todo un reconocimiento al genio creador y su aporte cultural o deben priorizarse expresiones en riesgo cuya continuidad dependa del apoyo estatal?

Patrimonio Humano Vivo y los pueblos indígenas en La Paz

Como otra corriente de análisis presentamos a los pueblos indígenas de tierras bajas con una situación de vulnerabilidad, sus territorios se encuentran avasallados por la minería ilegal y legal las que tienen concesiones aprobadas por la AJAM (Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera). Por otro lado sus territorios son avasallados por sectores sociales denominados Interculturales a quienes les dan en propiedad tierras o las ocupan de forma ilegal. La agricultura expansiva industrial también se apropia de tierras, finalmente y sumado a todo lo anterior, algunas de ellas son afectadas por incendios forestales, provocando pérdida de biodiversidad y sustento de alimento y medios de vida.

Los conocimientos ancestrales se practican y continúan viviendo de la naturaleza con actividades económicas agrícolas de tipo familiar, aprovechan la pesca, sin embargo, los ríos también atraviesan proceso de contaminación por el uso de mercurio de la actividad minera.

Sus conocimientos ancestrales de fiestas, danzas, cantos, medicina tradicional, alimentaria (técnicas de caza, pesca, agrícola), ritual, saberes de la naturaleza y la conexión con los espíritus siguen siendo parte de su vida cotidiana. Las nuevas generaciones aprenden pero no con el entusiasmo permanente. La migración es un factor común en la búsqueda de oportunidades de estudio y espacios laborales.

Este es el contexto que ha dado lugar al nombramiento de Patrimonio Humano Vivo a los pueblos indígenas señalados. Las características que propone UNESCO aunque está dirigido a individuos es posible traspasarlos al nombramiento de grupos culturales indígenas.

La aplicación de los criterios de Tesoros Humanos Vivos de UNESCO denominado por el Gobierno Autónomo Departamental de La Paz, Patrimonio Humano Vivo, se aplica a grupos indígenas ya que estos preservan sus conocimientos de manera colectiva, a través de la oralidad, la práctica comunitaria y la vivencia ritual. Las características exigidas —excelencia, dedicación, capacidad de desarrollo y transmisión— se cumplen en la práctica comunitaria, pues expresiones como danzas rituales, técnicas agrícolas o sistemas de medicina tradicional se sostienen en un entramado social que fortalece la identidad, la cosmovisión y la cohesión de la comunidad.

Tácitamente son grupos indígenas que presentan riesgo como la pérdida de territorios, la migración, la presión de la modernización o la falta de interés de los jóvenes. Puntualmente la característica dedicación plena, se atribuye al grupo dado que las prácticas se integran en la vida comunitaria. El enfoque está dirigido a lo colectivo y acompañarla con la designación con medidas que protejan sus territorios, respeten su organización, fortalezcan la educación intercultural y visibilicen sus expresiones, aseguran la continuidad cultural y la autodeterminación de los pueblos.

Conclusiones

La categoría de Tesoros Humanos Vivos surge como una propuesta de la UNESCO para reconocer y salvaguardar el patrimonio cultural inmaterial, a través de la designación de individuos que, por su trayectoria, excelencia y capacidad de transmisión, representan un eslabón fundamental en la continuidad de saberes y prácticas culturales. Este sistema ha sido adoptado con distintas denominaciones por varios países y constituye un esfuerzo por visibilizar el valor del conocimiento tradicional, oral y práctico, que de otro modo corre el riesgo de perderse en medio de los procesos de modernización y globalización. La esencia del reconocimiento radica en identificar a personas que no solo dominan una técnica o expresión, sino que también cumplen un rol activo en la transmisión hacia nuevas generaciones.

La aplicación de estos criterios presenta matices según se trate de individuos, comunidades indígenas o grupos artísticos. Allí, los criterios de excelencia, dedicación y transmisión deben ser interpretados en clave comunitaria o colectiva, reconociendo que el patrimonio inmaterial muchas veces se resguarda de forma compartida, en la vida cotidiana y ritual.

Sin embargo, este proceso no está exento de dificultades. La transmisión cultural puede debilitarse por factores externos como la pérdida de territorios, la migración, la desvalorización social de ciertos saberes o la falta de políticas de apoyo que garanticen condiciones dignas para la continuidad de estas prácticas. Asimismo, el marco conceptual del nombramiento exige una adaptación para abarcar realidades colectivas, evitando reducir expresiones vivas a reconocimientos simbólicos carentes de apoyo institucional, sobre todo gubernamental. En este sentido, los Tesoros Humanos Vivos deben concebirse como un instrumento de protección, visibilización y fortalecimiento cultural, que impulse la autodeterminación de los pueblos, la continuidad de los saberes y la transmisión intergeneracional, contribuyendo así a mantener vigente la riqueza y diversidad cultural.

Scroll al inicio