Santiago pescador, la espada y el caballo
Este artículo corresponde a la sección Diálogos y debates del patrimonio del Boletín de Noticias sobre patrimonio cultural. Y en esta edición hablamos sobre la construcción de significados de Santiago como santo guerrero que fue exportada al continente americano durante la conquista.
La figura de Santiago Apóstol ha recorrido un largo camino desde su origen bíblico como pescador hasta convertirse en uno de los símbolos del cristianismo andino. Inicialmente presentado en los evangelios como uno de los discípulos más cercanos a Jesús y testigo de sus enseñanzas, su martirio a manos de Herodes marcó el inicio de una transformación simbólica. Con el tiempo, su imagen espiritual fue cargada de un carácter bélico, convirtiéndose en un guerrero celestial que descendía del cielo para luchar por los moros.
La potente construcción simbólica de Santiago como santo guerrero fue exportada al continente americano durante la conquista. De “Matamoros” pasó a ser “Mataindios”. En América Latina, la figura del apóstol fue reinterpretada por los pueblos originarios, fusionándose con deidades locales como Illapa, y otros dioses como sucedió en otros países latinoamericanos. A lo largo del continente, Santiago adquirió nuevas formas, funciones y significados. Se convirtió en intermediario entre mundos, patrón del trueno y protector del equilibrio natural. Su imagen, lejos de permanecer fija, fue absorbida, transformada y resignificada por diversas culturas que encontraron en él una expresión de sus propias cosmologías.
Origen y transformación
La historia de Santiago comienza en el evangelio de Marcos, en el cual es un pescador de Galilea, fue llamado junto a su hermano Juan por Jesús para ser “pescador de hombres”. Fue uno de los discípulos más cercanos a Jesús, testigo de sus acciones y también de sus decisiones. Se cuenta que en una ocasión fueron reprendidos cuando Santiago y Juan quisieron invocar fuego sobre los samaritanos que se negaron a recibir a Jesús en su trayectoria hacia Jerusalén.
Rosa María Rivas V. (2015) comenta la transformación que tuvo Santiago después de su muerte. Posterior a la crucifixión de Jesús, Santiago fue el primer apóstol mártir, ejecutado por orden del rey Herodes. Con el paso del tiempo, su figura fue ganando devoción, especialmente entre los pueblos cristianos de la península ibérica española, entre los siglos V y XI se consolidó un culto en su honor. En Galicia, se afirmó que su tumba se hallaba en Compostela, lo que originó una de las rutas de peregrinación más importantes del cristianismo, el Camino de Santiago.
La figura de Santiago se vincula a un relato legendario de guerra. En el año 844, durante el enfrentamiento entre Ramiro I de Asturias y las tropas del emir Abderramán II, se difundió la visión de Santiago descendiendo del cielo a caballo para combatir a los moros o turcos. A partir de entonces fue representado como guerrero celestial y se convirtió en símbolo de lucha durante la llamada Reconquista. En ese contexto nació la Orden Militar de Santiago en 1170, que difundió la imagen del apóstol montado en un caballo blanco, vestido como caballero medieval y empuñando una espada (Rivas, 2015).
La figura de Santiago en la conquista de América
Este imaginario se construyó en España siendo exportado a América durante la conquista. Santiago Matamoros, figura protectora de los cristianos en España, se transformó en Santiago Mataindios, símbolo de dominación colonial. Su imagen se encontraba en el estandarte de Francisco Pizarro, según el historiador Jorge Cornejo Bouroncle (citado en (Rivas, 2015), aparece representado Santiago a caballo, reafirmando su rol como protector en el combate.
La evangelización en los virreinatos de Nueva España y del Perú recurrió a su figura como instrumento de imposición religiosa, alineada con las campañas de extirpación de idolatrías dictadas por los concilios de Lima. Su imagen fue difundida a través del arte virreinal, a menudo por pintores anónimos.
En el Cusco, centro del mestizaje cultural andino-español, Santiago adquirió una representación híbrida, Rivas (2015) describe que Guaman Poma de Ayala lo retrato ataviado con ropa incaica, tenía sombrero de ala ancha, manto rojo con motivos locales, montado a caballo, empuñando una espada ondulada. Los cronistas del siglo XVI alimentaron su leyenda, Pedro Cieza de León (citado en Rivas, 2015), narra cómo, durante el asedio de Cuzco por las fuerzas de Manco Inca en 1536, se habría aparecido una figura celestial luchando a favor de los españoles. Según los testimonios, incluso los indígenas afirmaban haberlo visto combatiendo.
El culto a Santiago en América Latina contemporánea
La figura de Santiago Apóstol, inicialmente promovida por la evangelización colonial como emblema del cristianismo, ha trascendido su origen para fundirse con múltiples creencias locales a lo largo de América Latina. Este proceso de «sincretismo» fue moldeado por los contextos culturales, geográficos y espirituales de cada pueblo, los que interpretaron al apóstol según sus propios códigos simbólicos. Santiago Apóstol, en cada territorio adquiere atributos locales.
En Bolivia, por ejemplo, en Torotoro, cada 25 de julio varias comunidades se enfrentan en un Tinku con el propósito de generación de la producción agrícola. El mismo patrón de sincretismo aparece en otras regiones de América. En “El culto de Santiago entre las comunidades indígenas de Hispanoamérica: símbolo de comprensión, reinterpretación y compenetración de una nueva realidad espiritual” de Anna Sulai (2006), en Belén, Chile, los feligreses extienden frazadas de colores sobre el suelo para que Santiago pase en procesión montado sobre su corcel, acompañado por antiguas melodías. En Mendoza, Argentina, existe la creencia de que si no se le saca en procesión el 25 de julio con su caballo y espada, pueden sobrevenir terremotos.
Suali (2006) cita los casos de varios países, está Puerto Rico donde el culto a Ogún, dios yoruba del hierro y los combates, se mezcló con la veneración a Santiago. En Guatemala se lo identifica con Kaprakán y Zipak, dioses creadores del lago Atitlán, y en México, entre los totonacas, su figura se funde con Aktsini, dueño del trueno y señor de las lluvias. En todos estos casos, la figura cristiana del apóstol guerrero se convierte en intermediario entre los humanos y las fuerzas de la naturaleza.
En el Perú, Santiago no solo es asociado con Illapa, dios inca del rayo y la tormenta. También se integra en rituales vinculados a Tayta Wamaní, espíritu protector de los cerros, cuyas fiestas prehispánicas coincidían con las fechas del Inti Raymi. Esta coincidencia cronológica permitió que la celebración de Santiago se convirtiera en una continuación, aunque cristianizada, de antiguos rituales agrarios y astronómicos.
Incluso en Cuba, la figura de Santiago se entrelaza con el panteón africano. Se le identifica con Oké, orisha de las montañas, la fuerza y la protección. Esta asociación refuerza su rol como guardián espiritual que vigila desde las alturas.
El apóstol y el rayo
Las iglesias barrocas, símbolo de la Contrarreforma, se convirtieron en escenarios para consolidar la imagen de Santiago como un santo guerrero. Las pinturas, esculturas y estandartes no solo buscaban evangelizar, sino también transmitir el poder y la supremacía de la Iglesia católica. Sin embargo, esta no fue una evangelización unilateral.
Durante la conquista del Perú, la figura del apóstol Santiago fue rápidamente reinterpretada en el contexto andino, fusionándose con antiguas deidades como Illapa, dios inca del trueno, el rayo y la lluvia. Esta asociación se asentó sobre una profunda relación entre la percepción indígena de los elementos naturales y los símbolos cristianos que llegaron con los conquistadores.
Volviendo con Rivas (2015) uno de los primeros registros de esta conexión fue el cronista indígena Felipe Guaman Poma de Ayala, quien en 1615 relató que durante la batalla de Sacsayhuamán, los indígenas afirmaban haber visto a Santiago descender del cielo con un estruendo similar al trueno. Según su testimonio, el apóstol habría caído como un rayo sobre la fortaleza inca para defender a los cristianos, montado en un caballo blanco cubierto de plumas, con cascabeles y espada en mano, desbaratando el cerco indígena, para los testigos, no era otro que Illapa quien había intervenido.
“Dizen que bino encima de un cauallo blanco, que trayýa el dicho caballo pluma, suri y mucho cascabel enxaesado y el sancto todo armando con su rrodela y su uandera y su manta colorado y su espada desnuda y que uenia con gran destuyción y muerto muy muchos indios y desbarató todo el serco de los indios a los cristianos que auía ordenado Mango Ynga y que lleuaua el santo mucho rruydo y de ello se espantaron los indios.” (Rivas, 2015: 60)
Este mismo fenómeno fue también mencionado por Antonio de Herrera (citado en Rivas, 2015) quien, ya en 1533, registraba la visión de un guerrero celestial montado en el aire, espada en mano, espantando a los enemigos. La figura de Santiago se consolidaba así como símbolo de victoria, tal como lo fue en la Reconquista española contra los moros, pero ahora trasladado al nuevo escenario americano, esta vez en oposición a los pueblos originarios.
Tito Yupanqui, cronista indígena, lo describió, los indígenas asociaban a los españoles con los truenos, no solo por las armas, sino también por sus barbas, los caballos y los cañones.
La cosmovisión andina atribuía a Illapa no solo el dominio del cielo, sino el control del equilibrio natural y el destino humano. Los nacidos en tormentas eran considerados hijos del rayo; los mellizos o personas con deformidades también eran ligados a esta deidad, considerados seres marcados por el poder sobrenatural.
Ahora Soux (2002) introduce sus consideraciones sobre las atribuciones de las personas señaladas por el rayo. Ella arguye que en muchas comunidades aymaras, los curanderos o yatiri —elegidos por haber sobrevivido a un rayo— lo consideran su patrono. Los rayos no son meros fenómenos naturales: son señales, castigos o llamados del mundo espiritual. Las piedras chamuscadas por rayos, conocidas como rayus (qala rayu), son objetos sagrados. Se clasifican según su tamaño, peso y procedencia simbólica. Algunas pertenecen al Santiago de España, otras al de Pomata, y otras a santos como Santa Lucía o Santa Bárbara.
En este universo espiritual, según Soux (2002) el rayo tiene dos caras. Está el rayo celestial, que cae del cielo como una descarga divina (Illapa), y el rayo subterráneo, vinculado a la serpiente (katari), símbolo del mundo subterráneo (manqhapacha). Esta dualidad refuerza la idea de que Santiago no es simplemente una figura cristiana: se convierte en puente entre mundos, un intermediario entre lo visible y lo invisible.
El culto a Illapa estaba institucionalizado en el Coricancha de Cuzco existía un adoratorio específico dedicado a él, se encontraba al lado del templo del Sol, por su parte, Juan Santa Cruz Pachacuti simboliza a Illapa con líneas paralelas ondulantes. (Soux, 2002)
Santiago absorbió muchos atributos de Illapa. El jesuita José de Arriaga (citado en Rivas, 2015), advertía sobre la adopción del nombre “Santiago” en contextos no cristianos, por su asociación directa con el rayo. En 1653, el arzobispo Pedro de Villagómez prohibió su uso debido a esta persistente fusión con el imaginario indígena. El pueblo andino resignificó las imágenes, insertando en ellas sus propias creencias y estructuras simbólicas. Así, Santiago no fue solo apóstol, sino también trueno, luz y sonido; fue lluvia, relámpago, serpiente, arcoíris y tempestad.
Santiago guerrero, peregrino y protector
En esta sección se cita casos en diferentes regiones donde la presencia de Santiago ha construido un espacio de festividades y creencias.
1. Santiago de Guaqui
Anna Sulai (2006), describe que en Guaqui, el “Tata Santiago” se le considera milagroso pero también colérico, si no se le trata con el respeto adecuado —como moverlo de su altar— puede castigar con rayos y granizo. Solo se permite que se le honre con morenadas.
Además, se le viste con uniforme militar y ostenta el rango de General de las Fuerzas Armadas, lo que proyecta su rol como protector armado y guardián del orden. Continuando con Soux (2002) en “El culto al apóstol Santiago en Guaqui, las danzas de Moros y Cristianos y el origen de la morenada”, en Guaqui conviven dos imágenes distintas, Santiago Peregrino y Santiago Matamoros. El primero permanece en el altar mayor, venerado por sus milagros; el segundo, en un altar lateral, es el único que puede salir en procesión. Pero incluso ese privilegio está condicionado, al salir, debe caminar de espaldas para no dar la espalda al otro Santiago, evitando así un enfrentamiento entre santos.
Esta concepción se repite en otras comunidades. En Callapa, Santiago aparece vestido con uniforme militar y lentes oscuros, como un general moderno, mientras que en Huata y Pomata, cada imagen es entendida como un ser distinto, con ritos y peticiones propios. Esta fragmentación no contradice la devoción, sino que la amplifica. El pueblo le atribuye poder, pero también temperamento: Santiago puede ser bondadoso o vengativo, según cómo se lo trate. No es raro que los fieles le teman tanto como lo veneran. Si no se le celebra como es debido, puede enviar rayos, enfermedades, sequías o arruinar cosechas. En Curahuara, se dice que la única forma de aplacar su furia es organizarle fiestas fastuosas. En el norte de Potosí incluso se cree que bajarlo del caballo sirve para calmar su carácter.
A lo largo de los siglos, esta imagen compleja de Santiago se ha entrelazado con la figura prehispánica de Illapa, el dios del trueno. La relación entre ambos no es sólo simbólica: tiene efectos concretos en la vida ritual.
La iglesia de Guaqui, construida en el siglo XVII, es el centro vivo de este culto. Según la tradición oral, en sus torres habitan aún víboras guardianas, como en los antiguos adoratorios andinos. Y fuera del pueblo, en un calvario rural, los yatiris todavía acuden para hacer ofrendas. No es casual que Guaqui haya sido confiado a Santiago como Illapa, sigue siendo un guardián.
Las fiestas dedicadas al santo confirman su carácter selectivo y dominante. En Guaqui, solo acepta que se le rinda homenaje con morenadas. Una vez, los organizadores intentaron incluir una diablada y el castigo fue inmediato, un accidente trágico acabó con la vida de muchos danzarines. Desde entonces, nadie desafía su voluntad. En cada entrada, son los morenos quienes tienen el honor exclusivo de cargarlo y entrar primero a la iglesia. Las otras comparsas deben esperar, aceptando tácitamente el orden impuesto por el santo.
2. Santiago de Concepción en Tarija
La Fiesta de San Santiago, celebrada cada 25 de julio, en la localidad de Concepción de la Provincia Avilés del Departamento de Tarija la imagen más antigua es la existente en la iglesia de Juntas en la provincia Avilés. Esta llegó a mediados del siglo XVIII cuando llegó a esta zona la familia Íñiguez, procedente de Monteagudo de Chuquisaca.
A fines del año 1792 se termina la construcción de la capilla de Juntas, para entonces, anualmente se realizaban las vísperas y la festividad del Patrono Santiago en el Valle de la Concepción A comienzos del año 1900, procedente de España llega otra imagen de Santiago a Concepción, era un poco más grande que la anterior, pero recién a partir de 1940 esta imagen va paulatinamente supliendo a la de Juntas. El año 1989 con las profusas lluvias, la torre de la iglesia de Concepción se vino abajo. El derrumbe ocasionó la destrucción total de la imagen del santo.
En 1997, la alcaldesa Alcira Alcoreza y René Aguilera Fierro logran revivir la festividad en todo su esplendor con una majestuosa procesión realizada por las calles del pueblo.
Ésta se acompañó con cánticos religiosos y una banda de música. Pero lo más llamativo fue que detrás de los devotos se erguía una cuadrilla de jinetes.
3. Santiago chapaco de Bermejo
En la localidad de Bermejo, Santiago es el Patrono del pueblo, su imagen es bastante especial, lleva un sombrero de cuero chaqueño y poncho chapaco, mientras que el caballo criollo, de patas blancas, lleva guardamontes de cuero y todas sus correas chapeadas con plata.
En esta población la fiesta se realiza del 25 al 27 de julio. En la víspera, se realiza la serenata al santo, luego se efectúa la procesión criolla con cañeros, carreras de caballos, doma de potros y juegos populares como el palo ensebado, ensartado a la sortija, juego de la taba, carrera de embolsados y otros.
4. Santiago peregrino de Bombori
Los Santiagos son dos, el mayor y el menor. La advocación fue recibida en el territorio de Charcas para reemplazar a Illapa, el dios del clima, es el hermano de San Juan y apóstol de Cristo, aunque aquí, en tierras del Abya Yala, se lo conoció como Santiago mataindios ― como se desarrolló en este artículo, la narración se repite― aquel que, según la leyenda difundida por los invasores, acudía a ayudar a los españoles en sus batallas contra los andinos.
Pero el mataindios está a caballo y el de Bombori es peregrino porque está a pie. No existen datos precisos sobre su origen. Los devotos aseguran que es médico, porque es capaz de curar enfermedades. Lo que sí sabe es que es milagroso, pero también exigente. Si la devoción a él no es sostenida y sincera, se dice que llega a castigar a los que le fallan.
La imagen de Santiago peregrino que es venerada en una ermita de la localidad de Bombori.
Atributos de la devoción
Para concluir el artículo se ha identificado rasgos, devociones, y contraposiciones en torno al culto de Santiago. En ellas el contexto juega un rol importante, estos rasgos son las siguientes:
1. Doble carácter, milagroso y castigador
Santiago es concebido como una figura milagrosa, capaz de otorgar favores y curaciones, pero también como una presencia exigente y de carácter temible. Su poder se manifiesta no solo en actos benéficos, sino también en castigos severos cuando no se le brinda el respeto o la devoción adecuados. Puede enviar rayos, enfermedades, granizo o sequías como forma de advertencia o castigo.
2. Reinterpretación del apóstol Santiago con elementos locales
La figura de Santiago ha sido resignificada en distintos contextos culturales, asumiendo características locales, me refiero a su relación con Illapa. La asociación con antiguas deidades andinas como Illapa, el dios del trueno y Santiago ha llevado a que adopte un rol de fuerza, protección y justicia sobrenatural. En otros espacios, aparece como un peregrino humilde en contraposición con la imagen bélica del Santiago conquistador. Su representación también incorpora elementos regionales distintivos, como vestimenta criolla o chapaca y caballos adornados con símbolos locales, fortaleciendo su papel como emblema cultural.
3. Valor simbólico del Santiago a caballo
La relación entre Santiago y el caballo es un elemento simbólico central que adquiere distintos matices según el contexto cultural. En algunos casos, su imagen montada representa poder, jerarquía y dominio, lo que refuerza su carácter imponente y temido. Sin embargo, también se registran prácticas destinadas a calmar o controlar su temperamento, como bajarlo del caballo en momentos rituales específicos. En contraste, en ciertas comunidades, Santiago aparece a pie, como peregrino, lo que marca una reinterpretación más humilde, alejada del modelo bélico, adopta la figura protectora y sanadora.
4. Jerarquías internas entre imágenes o advocaciones
La presencia de una o varias imágenes de Santiago dentro de una misma comunidad revela formas complejas de organización devocional y significación simbólica. En algunos casos, coexisten dos figuras distintas del santo, cada una con funciones y reglas específicas para su veneración, al punto de requerir rituales diseñados para evitar tensiones simbólicas entre ellas. En otros contextos, la existencia de imágenes mayores y menores sugiere jerarquías internas que estructuran la devoción colectiva.
La figura de Santiago en el contexto andino no puede entenderse únicamente desde su origen cristiano para la historia y contexto andino. A lo largo del tiempo, ha sido resignificado por las comunidades que lo veneran, fusionándose con antiguos dioses como Illapa y asumiendo características que responden tanto al orden ritual prehispánico como a las realidades sociales contemporáneas. Su culto no es uniforme, en cada localidad se manifiesta con énfasis distintos, pero en todas conserva una autoridad espiritual. Las prácticas que le rodean —procesiones, danzas exclusivas, ofrendas o castigos— reflejan cómo se ha construido una devoción basada en la apropiación cultural para mantener vivo vínculos entre lo sagrado, lo comunitario y la memoria histórica.
La figura de Santiago, en sus múltiples representaciones a lo largo del territorio andino, evidencia un complejo proceso de resignificación cultural donde la tradición católica se entrelaza con creencias y prácticas locales. La imagen adopta formas, roles y atributos diversos, protector, médico, guerrero o juez; de igual manera sus atributos, andar a caballo o a pie; aparecer solo o acompañado de otras figuras tiene funciones diferenciadas.. Las festividades que se le dedican refuerzan identidades locales, consolidan la cohesión social y proyectan una memoria colectiva articulando lo ancestral con lo contemporáneo.
Bibliografía
Valdés, Rosa M. Rivas (2015). Iconografía y evangelización: el culto de Santiago Matamoros en la empresa religiosa y militar de Nueva España y Perú. Universidad Nacional Autónoma de México.
Sulai, Anna Capponi (2006). El culto de Santiago entre las comunidades indígenas de Hispanoamérica: símbolo de comprensión, reinterpretación y compenetración de una nueva realidad espiritual. Imaginário – USP. Vol. 12, Nº 13, páginas 249-277.
Soux, María Luisa (2002). El culto al apóstol Santiago en Guaqui, las danzas de Moros y
Cristianos y el origen de la morenada. Una hipótesis de trabajo. Estudios Bolivianos 10: De Historia y Literatura. Instituto de Estudios Bolivianos Facultad de Humanidades y Ciencia de la Educación. Universidad Mayor de San Andrés La Paz – Bolivia.
Santiago, el santo guerrero que llegó a Tarija. Domingo, 21 de diciembre de 2014.
https://religionontheworld.blogspot.com/2014/12/santiago-el-santo-guerrero-que-llego.html
Roberto Alem. Bombori. 24 jul 2021
