Buenas Prácticas del Patrimonio Inmaterial. Limitaciones, modelos y propuestas

Este artículo corresponde a la sección «Diálogos y debates del patrimonio» del Boletín de Noticias sobre patrimonio cultural. Y en esta edición hablamos sobre un ámbito del patrimonio cultural no muy conocida.

El Registro de Buenas Prácticas de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO se presenta como un referente importante. Su valor radica en mostrar experiencias exitosas donde las comunidades han encontrado fórmulas de gestión que aseguran la preservación de sus manifestaciones culturales e incorporan dimensiones de derechos y participación política, ampliando los alcances más allá de lo puramente identitario o cultural.

La Convención para la Salvaguardia del PCI de 2003 marcó un punto de inflexión al establecer un instrumento internacional jurídicamente vinculante para los Estados parte. Con ella se superó la noción exotizada y la asociación de expresiones a un pasado pre-moderno de la historia de los países latinoamericanos, concepciones que asignaban un papel marginal a la cultura. En su lugar se consolidó la categoría de Patrimonio Cultural Inmaterial, concebida como manifestaciones vivas y actuales de la diversidad cultural que define a la humanidad.

¿Qué son las Buenas Prácticas de Salvaguarda del Patrimonio Inmaterial?

Las buenas prácticas de patrimonio son experiencias, programas o proyectos que han demostrado ser efectivos para proteger, transmitir y revitalizar el patrimonio cultural de manera sostenible. Se consideran ejemplos positivos porque integran la participación activa de las comunidades, respetan sus derechos y valores, y logran adaptarse a distintos contextos sociales, culturales y económicos. Su valor principal radica en que pueden servir de modelo para otras iniciativas, aportando soluciones replicables a los desafíos que enfrenta la gestión del patrimonio.

El Registro de Buenas Prácticas de Salvaguardia constituye un espacio de intercambio en el que se comparten experiencias exitosas de transmisión y preservación del patrimonio cultural inmaterial. Su propósito es mostrar cómo distintos pueblos y comunidades han enfrentado los desafíos que implica mantener vivas sus prácticas, saberes y expresiones.

En la estructura de UNESCO existe un Comité Intergubernamental que se ocupa de evaluar y seleccionar, entre las propuestas de los Estados Parte, aquellos programas y proyectos que representen con claridad los principios de la Convención y responden al marco normativo que se encuentra en el artículo 18 de la Convención de 2003. Como fuente de ello, existe un Registro de Buenas Prácticas de Salvaguardia que funciona como plataforma de consulta para aprendizaje de experiencia y fomenta su difusión para los Estados y comunidades.

¿Cómo se eligen?

La selección de las buenas prácticas en torno al patrimonio cultural inmaterial responde a un procedimiento específico que se enmarca en la Convención de 2003 de la UNESCO. Cada año, el Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del PCI se reúne con el fin de analizar las candidaturas presentadas por los Estados miembros. La evaluación se realiza siguiendo criterios establecidos en los principios y objetivos de la Convención, lo que otorga legitimidad y coherencia al proceso.

Entre los aspectos más relevantes se encuentran la eficacia demostrada de las iniciativas, su potencial para convertirse en un modelo replicable y la capacidad de adaptarse a las necesidades particulares de los países en desarrollo. Estos puntos resultan clave porque permiten identificar proyectos que no solo salvaguardan el patrimonio, sino que también ofrecen respuestas prácticas a problemáticas sociales vinculadas con la diversidad cultural.

De este modo, el Registro de Buenas Prácticas se convierte en un espacio de referencia para explorar soluciones innovadoras y sostenibles. Más allá de la preservación en sí misma, estas experiencias aportan perspectivas valiosas para la gestión patrimonial, constituyéndose en un terreno que dialoga y complementa los avances producidos por la investigación académica y la reflexión teórica.

Estos son los criterios para la selección de Buenas prácticas de salvaguardia

  1. El programa, proyecto o actividad implica una salvaguardia, tal como se define en el Artículo 2.3 de la Convención.
  2. El programa, proyecto o actividad promueve la coordinación de los esfuerzos encaminados a salvaguardar el patrimonio cultural inmaterial en el ámbito regional, subregional y/o internacional.
  3. El programa, proyecto o actividad refleja los principios y objetivos de la Convención.
  4. El programa, proyecto o actividad ha demostrado ser eficaz para contribuir a la viabilidad del patrimonio cultural inmaterial de que se trate.
  5. El programa, proyecto o actividad, es o ha sido ejecutado con la participación de la comunidad, el grupo o, si procede, los individuos interesados, y con su consentimiento libre, previo e informado.
  6. El programa, proyecto o actividad podría servir de modelo subregional, regional o internacional, según el caso, para actividades de salvaguardia.
  7. El (Los) Estado(s) Parte(s) solicitante(s), el (los) organismo(s) encargado(s) de la ejecución, y la comunidad, el grupo o, si procede, los individuos interesados están dispuestos a cooperar en la difusión de prácticas ejemplares, si se selecciona su programa, proyecto o actividad.
  8. El programa, proyecto o actividad comprende experiencias cuyos resultados podrían ser objeto de evaluación.
  9. El programa, proyecto o actividad responde principalmente a las necesidades particulares de los países en desarrollo

¿Cuáles son las Buenas Prácticas seleccionadas?

Te proporcionamos la lista registrada hasta el año 2024.

AñoNombrePaís
2024Escuela de Oficios ÚL’UVEslovaquia
2024Programa de Entrenamiento en el Barco Juvenil de Omán (Safinat Shabab Oman) para la paz y el diálogo cultural sostenible.Omán
2024Programa de salvaguarda de la tradición del kobza y la lira de rueda.Ucrania
2023La salvaguardia del patrimonio de acogida familiar en la ciudad misericordiosa de Geel: un modelo de acogida comunitario.Bélgica
2023Programa de prácticas de salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial para el Festival cultural y ecológico de la tortuga marina de Armila.Panamá
2023Red Nyckelharpa, una difusión innovadora de una tradición musical y de construcción de instrumentos con raíces en Suecia.Suecia
2023Programa de salvaguarda de los Bandos y Parrandas de los Santos Inocentes de Caucagua: núcleos de iniciación y transmisión de saberes y consejos comunalesVenezuela
2022El PCI fronterizo luso-gallego: un modelo de salvaguardia creado por Ponte…nas ondas!Portugal – España
2022Estrategia de salvaguardia de la artesanía tradicional: programa de portadores de la tradición artesanal popular.Chequia
2022Programa educativo AI Sadu: Capacitación de formadores en el arte de tejer.Kuwait
2022Tocati, un programa compartido para la salvaguarda de los juegos y deportes tradicionales.Italia – Bélgica – Croacia – Chipre – Francia
2021Juegos Nómadas – Redescubrimiento del Patrimonio y Celebración de la DiversidadKirguistán
2021Éxito en la promoción de los alimentos tradicionales y en la salvaguardia de los modos de alimentación tradicionales en KenyaKenya
2021Programa nacional de salvaguardia del arte tradicional de la caligrafía en IránIrán
2021Las Escuelas de Tradiciones Vivas (SLT)Filipinas
2020La caravana polifónica: investigación, salvaguardia y promoción del canto polifónico del Épiro.Grecia
2020La yola Martinica, un modelo de salvaguardia del patrimonio cultural: desde su construcción hasta el arte de navegar.Francia
2020Técnicas artesanales y prácticas consuetudinarias de los talleres de catedrales o Bauhütten: conocimientos teóricos y prácticos, su transmisión y elaboración, e innovaciones.Alemania – Austria – Francia – Noruega – Suiza
2019Programa biocultural para la salvaguardia de la tradición de la ‘Palma Bendita’ en VenezuelaVenezuela
2019Estrategia de salvaguardia de la artesanía tradicional para la construcción de la pazColombia
2018“Tierra de Leyendas”, programa para promover y revitalizar el arte de la narración en la región de Kronoberg.Suecia
2017Salvaguarda de las técnicas tradicionales de fabricación detejidos “atlas” y “adras”: el Centro de omento de la Artesanía de Marguilán.Uzbe4istán
2017Una experiencia práctica de salvaguarda de la vitalidad del patrimonio cultural inmaterial: los centros culturales comunitarios búlgaros (“chitalishta”)Bulgaria
2016Estrategia para salvaguardar el patrimonio cultural de la artesanía tradicional: los centros regionales artesanos.Austria
2016Proyecto comunitario de salvaguarda de la cultura viva de Rovinj/Rovigno: el Ecomuseo de la Batana.Croacia
2016Readaptación del procedimiento tradicional de construcción del barco “oselvar” y su utilización en un contexto moderno.Noruega
2016Salvaguarda del patrimonio folclórico musical mediante el método Kodály.Hungría
2016Sistema de prácticas de representación y transmisión del patrimonio cultural: El Festival Folclórico de Koprivshtitsa.Bulgaria
2014Programa de salvaguardia de la cultura del carillón: preservación, transmisión, intercambios y sensibilizaciónBélgica
2013Metodología para realizar inventarios del patrimonio cultural inmaterial en reservas de biosfera – La experiencia del Montseny (Barcelona, Cataluña)España
2012Estrategia para formar a las futuras generaciones de marionetistas de FujianChina
2012Xtaxkgakget Makgkaxtlawana: el Centro de las Artes Indígenas y su contribución a la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial del pueblo totonaca de Veracruz, MéxicoMéxico
2011Concurso de proyectos del Programa Nacional de Patrimonio InmaterialBrasil
2011Método Táncház: un modelo húngaro para la transmisión del patrimonio cultural inmaterialHungría
2011Museo Vivo del FandangoBrasil
2011Programa para cultivar la ludodiversidad: salvaguardia de los juegos tradicionales en FlandesBélgica
2011Revitalización del saber tradicional de la cal artesanal en Morón de la Frontera (Sevilla, Andalucía)España
2009Centro de cultura tradicional Proyecto pedagógico museo escolar de PusolEspaña
2009Educación y formación en el patrimonio cultural inmaterial Batik indonesio para estudiantes de primaria, secundaria, preparatoria, escuelas vocacionales y politécnicas, en colaboración con el Museo Batik en Pekalongan.Indonesia
2009Salvaguardar el patrimonio cultural inmaterial de las
comunidades aymaras en Bolivia, Chile y Perú.
Bolivia (Estado Plurinacional de) – Chile – Perú

Análisis de casos

Tomamos el análisis de Cleyton Cortés Ferreira (2021), Soluciones creativas en la gestión del patrimonio cultural inmaterial: análisis de caso a las Buenas Prácticas de Salvaguardia de la UNESCO en Sudamérica. Son cuatro casos analizados, a partir de ellos realizamos contribuciones de aplicación y evaluación de estos casos.

El fandango en Brasil

El fandango forma parte esencial de la vida social de las comunidades caiçaras en la costa de São Paulo y Paraná. Se trata de una manifestación cultural que combina música, baile y canto improvisado, practicada tradicionalmente en contextos de trabajo comunitario como el mutirão. Aunque la transformación de las dinámicas sociales a mediados del siglo XX debilitó esta práctica, no desapareció. Desde los años sesenta, un renovado interés permitió su permanencia, hoy expresada en clubes de baile, festividades religiosas, presentaciones locales y celebraciones comunitarias.

En este contexto surgió el Museo Vivo del Fandango (2002-2008), impulsado por la Associação Cultural Caburé. El proyecto se construyó a partir de un trabajo participativo con cerca de 300 fandangueiros, articulando un circuito cultural en cinco municipios. Este incluía casas de músicos y artesanos, centros culturales, espacios de venta de artesanías y colecciones audiovisuales. Más allá de preservar la práctica, el Museo Vivo fortaleció la unidad cultural del fandango, promovió el reconocimiento de sus variantes regionales y potenció la colaboración entre comunidades, investigadores e instituciones, vinculando identidad, memoria y demandas territoriales.

El autor Cortés (2021) identifica elementos limitativos de esta iniciativa. El Museo Vivo del Fandango fue concebido como un territorio simbólico y relacional, es una red diversa de familias, músicos, artesanos e instituciones locales, creando un circuito que favorecía el intercambio de experiencias y la revitalización de la cultura caiçara. Permitió que el museo funcionara más como un entramado vivo que como una institución tradicional, con un enfoque orientado a la comunidad.

El autor enfatiza que esta iniciativa restringió sus vínculos con el Estado, lo cual limitó sus acciones al terreno cultural, educativo y turístico. Esto resulta problemático porque la cultura caiçara no solo se sostiene en prácticas festivas o artísticas, sino que también involucra demandas políticas vinculadas a los derechos sobre la tierra y el acceso a recursos naturales. Al no considerar esta dimensión, el modelo culturalista del PCI evidencia su insuficiencia. Además, los instrumentos de difusión del museo —libros, folletos, directorios y el sitio web— han quedado desactualizados o inactivos, dificultando la continuidad del proyecto y debilitando su presencia tanto en la comunidad como frente a instituciones externas. La falta de actualización y de estrategias de sostenibilidad ha generado preocupación entre los fandangueiros.

Programa Nacional Escuelas Taller de Colombia: Herramientas de Paz

El Programa de Escuelas Taller nació en España en 1985 como un modelo de formación para personas desempleadas y en situación de vulnerabilidad, con énfasis en oficios prácticos relacionados con la conservación del patrimonio cultural. Su éxito motivó su expansión hacia América Latina en 1990 a través de la cooperación internacional, llegando a Colombia en 1992 con la primera sede en Cartagena. Desde entonces, el modelo se ha multiplicado hasta alcanzar trece Escuelas Taller en distintas ciudades, y desde 2009 está bajo la dirección del Ministerio de Cultura de Colombia en alianza con el SENA, lo que le otorgó mayor solidez institucional.

En el contexto colombiano, las Escuelas Taller se consolidaron como espacios de formación y reintegración social, dirigidos no solo a jóvenes desempleados, sino también a víctimas del conflicto armado. Su propuesta combina la enseñanza de oficios tradicionales con el rescate de saberes locales transmitidos por maestros experimentados, garantizando así la continuidad de técnicas vinculadas al patrimonio. La capacitación abarca una amplia gama de actividades, desde carpintería, construcción tradicional y tejeduría, hasta cocina regional, joyería y elaboración de artesanías, generando oportunidades de empleo, emprendimiento y fortalecimiento cultural para las comunidades participantes.

El análisis de Cortés (2021) sobre la gestión de esta iniciativa se puntualiza en los siguientes aspectos:

  • El programa prioriza la preservación cultural y la formación, pero carece de estrategias económicas sólidas.
  • Existe debilidad en la vinculación con políticas laborales, productivas y comerciales.
  • Los oficios tradicionales corren el riesgo de ser solo complementarios en términos de ingresos.
  • La patrimonialización culturalista deja en segundo plano la dimensión económica de los oficios.
  • Es necesario integrar estas prácticas a políticas de desarrollo productivo para garantizar su sostenibilidad

La experiencia de las Escuelas Taller en Colombia ha mostrado importantes logros en la capacitación de personas y en la preservación de prácticas culturales, pero al mismo tiempo deja ver ciertas limitaciones. El énfasis principal ha estado en la enseñanza de oficios tradicionales y en la formación de habilidades para el trabajo, aunque no siempre se han generado las condiciones económicas que garanticen la viabilidad de estos saberes en el mercado laboral. El resultado es que muchos egresados encuentran dificultades para vivir de lo aprendido, lo que los obliga a aceptar otros empleos o a considerar sus oficios como una fuente de ingresos complementaria, insuficiente para sostener un hogar.

Desde una mirada crítica, este enfoque reproduce un modelo culturalista que tiende a valorar los oficios por su aporte al patrimonio antes que por su rol como actividades económicas de subsistencia. La sostenibilidad de estos saberes exige integrarlos en políticas de desarrollo productivo, con medidas que fortalezcan la relación con el sector económico, el comercio y el trabajo. De este modo, se abriría un espacio para que los oficios tradicionales no dependan únicamente del apoyo estatal, sino que se conviertan en alternativas laborales estables y atractivas, capaces de generar riqueza y reconocimiento en contextos actuales.

Concurso de proyectos del Programa Nacional del Patrimonio Inmaterial

El Concurso de Proyectos del Programa Nacional del Patrimonio Inmaterial de Brasil, creado en 2005, busca apoyar iniciativas comunitarias de salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial mediante convocatorias abiertas a instituciones públicas locales y organizaciones privadas sin fines de lucro, siempre con consentimiento de las comunidades.

La selección corre a cargo del Departamento de Patrimonio Inmaterial del IPHAN y un comité de especialistas, otorgando subvenciones de alrededor de 100.000 reales a entre ocho y diez proyectos de los más de doscientos que suelen postularse, con ejecución en un plazo máximo de un año. Este fondo es independiente de los recursos destinados al registro oficial de expresiones culturales y se orienta a fortalecer la sostenibilidad de las prácticas patrimoniales, apoyar la organización comunitaria y fomentar redes de colaboración entre distintos actores.

Ahora vamos al análisis de esta actividad, identificamos puntos claves que plantea el autor Cortes (2021):

  • Reconocimiento de la autogestión y autonomía de comunidades e instituciones civiles.
  • Fomento de articulación interinstitucional e intersectorial.
  • Ampliación del mercado laboral en el campo cultural.
  • Generación de conocimiento y buenas prácticas en gestión patrimonial.
  • Riesgos de exclusión por estandarización de criterios y competencia por fondos limitados.

El concurso del Programa Nacional del Patrimonio Inmaterial de Brasil introduce una dinámica innovadora en la gestión del patrimonio cultural al reconocer y financiar iniciativas no estatales, promovidas por universidades, ONGs, instituciones culturales o colectivos de la sociedad civil. Esta apertura no exige que los proyectos tengan como meta ingresar a los registros oficiales del IPHAN, lo que implica un reconocimiento de la autogestión y de la capacidad de acción autónoma de las comunidades, favoreciendo la articulación interinstitucional entre diversos sectores sociales y gubernamentales.

Otro impacto relevante ha sido la generación de empleo especializado en el campo cultural, ampliando el espectro de disciplinas involucradas en la salvaguardia del patrimonio inmaterial. Antropólogos, musicólogos, artistas e historiadores han encontrado un espacio de participación en procesos de investigación, inventario y preservación. Además, el concurso funciona como un laboratorio de buenas prácticas, acumulando experiencias locales que aportan soluciones de gestión y que pueden compararse con el Registro de

Buenas Prácticas de la UNESCO. Sin embargo, el modelo también enfrenta limitaciones, entre ellas están, la lógica de la competencia y la estandarización, requisitos que tienden a excluir a grupos que no cuentan con las herramientas técnicas o administrativas para cumplir con las exigencias. De este modo, la escasez de fondos y la dinámica competitiva generan un efecto similar a la “selección natural”, en el que sólo los proyectos más adaptados a las reglas del sistema acceden a financiamiento.

Programa biocultural para la salvaguardia de la tradición de la Palma Bendita

La tradición venezolana de la Palma Bendita, practicada en los estados de Miranda y Nueva Esparta, estuvo en riesgo de desaparecer hace unas décadas debido a la falta de reforestación y al conflicto con las autoridades ambientales que la consideraban una amenaza. Frente a esta situación, los palmeros implementaron un programa biocultural que reorganizó la práctica en dos ejes principales, la sostenibilidad ambiental y transmisión de saberes. Se modificaron las técnicas de recolección para evitar el corte de la palma, se introdujeron especies alternativas y se establecieron alianzas con investigadores e instituciones, lo que permitió preservar el ritual sin afectar el equilibrio ecológico.

Al mismo tiempo, se transformaron las dinámicas de participación, se eliminó la restricción de edad, incorporando a niños y jóvenes mediante programas de formación, y se abrieron espacios pedagógicos y turísticos para sensibilizar a la sociedad sobre la importancia cultural y ambiental de la práctica. Las asociaciones de palmeros, integradas por devotos y feligreses, asumen la organización comunitaria, guiadas por un compromiso cultural y ecológico.

De la misma manera presentamos puntos clave del análisis del autor Cortés (2021)

  • Evita la estereotipación de las prácticas culturales.
  • Reconoce el rol vigente y actual de los palmeros.
  • Actualiza procedimientos según las dinámicas sociales contemporáneas.
  • Refuerza la relación entre tradición y festividad local.
  • Plantea innovaciones que superan las limitaciones del modelo culturalista de patrimonialización.

En el caso de la tradición de la recolección de palma, lo innovador ha sido que los cambios no suprimen ni distorsionan su valor, sino que dialogan con las realidades sociales actuales. La práctica se mantiene vinculada a la Semana Santa, reconociendo el rol contemporáneo de los palmeros, quienes han renovado procedimientos y adoptado estrategias que aseguran tanto la continuidad de la tradición como su pertinencia en el presente.

Propuestas para una Buena Práctica en Patrimonio

La gestión del patrimonio cultural inmaterial (PCI) requiere estrategias que permitan su salvaguardia y transmisión a futuras generaciones, garantizando la continuidad de prácticas, saberes y tradiciones. En este contexto, las buenas prácticas de patrimonio surgen como herramientas esenciales para articular la participación comunitaria, la educación, la innovación y la colaboración entre distintos actores sociales e institucionales.

Sin embargo, no todas las iniciativas que buscan salvaguardar el patrimonio logran consolidarse como buenas prácticas. Existen limitaciones derivadas de enfoques culturalistas, dependencia del Estado o falta de conexión con la economía local, que pueden reducir su impacto a corto plazo. Por ello, es necesario analizar cuáles son los elementos que caracterizan las buenas prácticas, los factores que limitan su eficacia y las estrategias que permiten fortalecerlas, de modo que se promueva una gestión patrimonial integral, inclusiva y sostenible.

Efectividad

En general, estas experiencias muestran que las buenas prácticas son efectivas en tanto generan continuidad cultural, fortalecen la transmisión intergeneracional de saberes y logran adaptarse a las transformaciones sociales, políticas y ambientales. No se limitan a la conservación de expresiones, sino que crean entornos de socialización, educación, memoria y, en algunos casos, sostenibilidad económica. Cuando el modelo queda encerrado en una lógica culturalista, desconectada de lo político y económico, su impacto se reduce a corto plazo.

Buenas Prácticas

Deben responder a los siguientes elementos:

  • Participación comunitaria activa en el diseño, gestión y continuidad.
  • Transmisión intergeneracional mediante la formación de jóvenes y la inclusión de nuevos actores.
  • Adaptación e innovación, ya sea tecnológica, ecológica o pedagógica, para mantener vigente la práctica en escenarios cambiantes.
  • Redes de colaboración entre comunidades, instituciones académicas, gobiernos locales y ONGs.
  • Dimensión educativa y de sensibilización social.

Las buenas prácticas de patrimonio se caracterizan por integrar la participación activa de las comunidades en el diseño, la gestión y la continuidad de las iniciativas, que los propios actores locales sean los protagonistas de su salvaguardia. Asimismo, fomentan la transmisión intergeneracional de saberes mediante la formación de jóvenes y la inclusión de nuevos participantes, garantizando la continuidad de las tradiciones, incorporando adaptaciones tecnológicas y pedagógicas frente a una realidad ecológica en peligro. Las redes de colaboración que articulan comunidades, instituciones académicas, gobiernos locales y organizaciones no gubernamentales son importantes para fortalecer la sostenibilidad de la iniciativa. Estas acciones deben promover la sensibilización social, conectando la práctica cultural con valores de conciencia, inclusión y sostenibilidad.

Aspectos que limitan las Buenas Prácticas

  • Dependencia del Estado como garante único de continuidad, lo que fragiliza los procesos si no existe financiamiento sostenido.
  • Desconexión con la economía, que dificulta convertir los oficios y prácticas en medios de vida viables para las comunidades.
  • Exceso de estandarización y competitividad en mecanismos de financiamiento, que excluyen a grupos con menos recursos técnicos.
  • Culturalismo reduccionista, que patrimonializa la práctica como expresión simbólica pero omite su rol político, social o territorial.

Los problemas de los casos analizados pueden presentarse en otros ejemplos de Buenas Prácticas. A pesar de sus aportes, algunas iniciativas de salvaguardia del patrimonio presentan limitaciones importantes que afectan su eficacia. La dependencia del Estado como único garante de continuidad puede fragilizar los procesos cuando no existe financiamiento sostenido, mientras que la desconexión con la economía impide que los oficios y prácticas tradicionales se conviertan en medios de vida viables para las comunidades. Un aspecto que llama la atención es el enfoque culturalista reduccionista en el sentido de preservar sin cambiar o adaptarse a las transformaciones de las sociedades en los contextos de los ejemplos de Buenas Prácticas. Otros aspecto importante es la patrimonialización de las prácticas como expresiones simbólicas, dejando de lado su dimensión política, social y territorial, lo que restringe su verdadero potencial de impacto comunitario con miras al futuro, su sostenimiento y continuidad.

Aspectos a considerar para mejorar y consolidarse como buenas prácticas

  • Integrar la dimensión económica a la gestión del PCI, garantizando que las prácticas no sólo sobrevivan, sino que se conviertan en medios de vida.
  • Reconocer el carácter político de la cultura, vinculando la salvaguardia con derechos territoriales, demandas sociales y luchas contra la discriminación.
  • Ampliar la equidad en el acceso a recursos.
  • Fortalecer alianzas intersectoriales, articulando educación, medio ambiente, economía y cultura en proyectos de salvaguardia.
  • Mantener la autonomía comunitaria, evitando que el Estado o instituciones externas monopolicen la definición de lo patrimonial.

Para consolidar las buenas prácticas en la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial, es fundamental integrar la dimensión económica, de manera que las prácticas no solo se preserven, sino que también se conviertan en medios de vida sostenibles para las comunidades. Al mismo tiempo, es necesario reconocer el carácter político de la cultura, vinculando la gestión patrimonial con derechos territoriales, demandas sociales y procesos de lucha contra la discriminación, garantizando que las iniciativas respondan a las necesidades reales de los actores locales. La equidad en el acceso a recursos debe ser ampliada, asegurando que todos los grupos puedan participar y beneficiarse de los programas de salvaguardia. Asimismo, fortalecer alianzas intersectoriales que articulen educación, medio ambiente, economía y cultura que permita abordar la gestión patrimonial de manera integral. Finalmente, mantener la autonomía comunitaria es clave para que las comunidades continúen siendo las principales responsables de definir y ejecutar sus propias estrategias patrimoniales, evitando que el Estado o instituciones externas monopolicen la definición de lo patrimonial.

Conclusiones

Este cambio conceptual del patrimonio cultural implicó un giro fundamental, permitió que las expresiones culturales dejaran de verse como residuos del pasado para ser reconocidas como prácticas actuales, dinámicas y significativas en la vida de las comunidades. Asimismo, se desplazó la idea de que el patrimonio pertenece únicamente a la identidad nacional, para afirmar que su titularidad corresponde principalmente a las comunidades y portadores que lo mantienen vivo y lo transmiten en el tiempo. Hoy UNESCO tiene una lista muy larga de reconocimientos de patrimonios inmateriales de la humanidad.

En los últimos años, las comunidades han comenzado a observar con cautela los efectos sociales de los procesos de patrimonialización de la cultura. La manera en que se implementan las intervenciones y los resultados que generan se han convertido en motivo de evaluación y, en algunos casos, de preocupación. Esto se debe a que, en ocasiones, la patrimonialización se percibe como una práctica con sesgos folclorizantes que se promueven para el turismo sin políticas claras de preservación la memoria y significados.

Será necesario, fortalecer la autonomía de las poblaciones, garantizar su participación en la toma de decisiones y reconocer el patrimonio como un recurso para revertir la discriminación y el racismo.

Se debe plantear el potencial del denominativo de patrimonio como vehículo de reconocimiento, memoria colectiva y construcción de identidades, además de la sostenibilidad del patrimonio cultural real reflejo de la expectativa del portador por la generación de empleo. El desarrollo comunitario no está desligado de las expresiones culturales. La crítica está dirigida a la falta de la gestión patrimonial, lo contrario es la construcción del patrimonio vivo, participativo y al servicio de las comunidades que lo representan.

Bibliografía

Cortés, Cleyton Ferreira (2021). Soluciones creativas en la gestión del patrimonio cultural inmaterial: análisis de caso a las Buenas Prácticas de Salvaguardia de la UNESCO en Sudamérica. Dossier Patrimonio, arte y Política. ProDucción simbólica y Prácticas Patrimoniales y De representación. SOPHIA AUSTRAL 2021. Vol. 27:4

UNESCO. Las listas del PCI y el Registro de Buenas Prácticas de Salvaguardia. 30 de septiembre de 2025.

https://ich.unesco.org/es/listas?text=&type[]=00005&multinational=3#tabs

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